HOMBRES CON CUERNOS Y BANDERAS EN DESUSO

Por Habib Merheg Marùn

Sobre los hechos ocurridos esta semana en el Capitolio de Estados Unidos, hay dos imágenes potentes pero de difusión contraria: una, la del hombre de los cuernos que apareció en todas las portadas y otra, la que muestra la llamada bandera confederada la cual apareció menos pero, tal vez, represente un mensaje mucho mas poderoso para entender lo que pasa allá. Allá, acá y en muchos lugares del mundo.

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Los reportes de prensa indican que el hombre de los cuernos que entró al Capitolio, pertenece a un grupo extremista de fuerte presencia en las redes sociales que pregona la teoría conspirativa según la cual existe una poderosa élite de pedófilos que controla el mundo, adoran a Satán y odian a Trump el cual es visto por ellos como un enviado de Dios cuya misión es combatir esa legión del mal. Si no fuera porque uno de cada 6 estadounidenses confía en lo que el grupo difunde, la cosa no pasaría de ser un capricho de algunos locos en busca de likes.

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Lo del hombre de los cuernos, si bien es grave en el sentido del poder que las redes le han dado a las teorías conspirativas absurdas –como casi todas ellas-, el tema de portar la llamada bandera confederada dentro del Capitolio es verdaderamente preocupante.

Para entenderlo hay que remontarse a la guerra civil que sostuvieron los estados del norte de Estados Unidos contra los del sur. En medio del conflicto estaba, entre otras cosas, la abolición de la esclavitud y la igualdad de derechos que defendía el norte contra el sur que insistía en mantener las cosas como estaban. La bandera vista esta semana en la toma del Capitolio, es la usada por los estados del sur durante la guerra.

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Pues bien. Ganaron los del norte pero en el sur quedaron secuelas que sobreviven hoy y que tomaron mas fuerza desde el mismo momento en que Trump decidió ser candidato y empezó a dudar del lugar de nacimiento de Barack Obama insinuando que era nacido en algún lugar de África donde sin duda nacieron sus antepasados pero no él. Era el inicio de su propuesta de la “supremacía blanca” sobre negros, indígenas, hispanos o inmigrantes de cualquier lugar. Era el inicio del gran estímulo a la división, al odio de clases, al crecimiento hacia los extremos.

Pero esos vientos de “supremacías” raciales no son exclusivos de Estados Unidos. Abundan en todo el mundo en mayor o menor medida. En Colombia, por ejemplo, una senadora sugirió dividir un departamento en dos, una parte para negros e indígenas y la otra para los mestizos. Otra, de su mismo  partido, no tuvo reparo en hacer público su apoyo a Trump y hasta su propio movimiento quiso participar en las elecciones estadounidenses, apoyo que mantiene aun después de lo sucedido en el Capitolio.

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Se dice que el presidente electo ya se comunicó con casi todos los presidentes de las naciones excepto algunos como Duque. Y que ese desaire tiene que ver con las manifestaciones pro-Trump tanto del propio presidente como de su partido y del embajador en Estados Unidos. Puede parecer un detalle menor pero no lo es. En diplomacia internacional cualquier gesto es mucho mas que eso, es una señal de muchas cosas, buenas o malas.

En las últimas elecciones de Estados Unidos el presidente Trump alertó sobre posibles fraudes con meses de anticipación y aun hoy afirma que lo hubo, dejando en el ambiente una sensación que incomoda a muchos y sirve de combustible a personajes como el hombre de los cuernos que sin importar la existencia de pruebas o la carencia de las mismas, creerá en lo que quiere creer y actuará según su fanatismo como ya se vio.

Todo el asunto debe dejar lecciones. En Colombia, por ejemplo, a raíz del nuevo código electoral algunos andan diciendo que se presta a fraudes para las próximas elecciones presidenciales. Ojalá no caigamos en el error de crear esa especie de terror por anticipado porque, ya sabemos, por estos lares no tenemos hombres con cuernos de bisonte pero sí personajes y partidos lanzados sin duda hacia los extremos que están listos para usar cualquier sospecha en beneficio de sus propios intereses. Sin necesidad de pruebas porque en las redes sociales se acaba con cualquier verdad a punta de clics.

Director: Habib Merheg Marún

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